¿Qué
hacer en una soleada y agradable mañana de finales de primavera? Una excursión
a la ermita rupestre de San Cristobal, en la Hoya de Huesca, por ejemplo. Hay
que dejar el coche en la ermita de Santa Quiteria a la que se accede por una
pista de tierra bien señalizada a la salida del pueblo de Bolea ( muy buenas
cerezas, por cierto). El recorrido es sencillo, de ascensión continua pero
suave, salvo el último tramo que es bastante empinado; caminamos por pista primero y luego por senda que
discurre paralela al río Sotón. Grandes paredes verticales de estratos
horizontales encajonan el barranco y en ellas se divisa la ermita, nuestro
objetivo. Al final del recorrido, la senda se empina pero merece la pena llegar
hasta el final. Se accede a la ermita por unas escaleras de piedra colgadas en
el vacío. Es un lugar increíble y tenemos la inmensa suerte de tener frente a
nosotros a un precioso alimoche que parece que posa ante nuestra cámara. El
interior de la ermita, del s. XVI-XVII, impresiona, hay paz y tranquilidad, y
podemos observar restos de pinturas tardo románicas en su única pared de
cerramiento. También se ven exvotos diversos. Su estado de conservación es algo
lamentable. Existen varias dependencias, donde desarrollarían la vida los
eremitas que la habitaron. Desde lo alto de la ermita, el paisaje que se divisa
es espectacular: el barranco del río
Sotón. Ha merecido la pena llegar hasta aquí.
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