Todos hemos estudiado en el colegio que el Mulhacén era el pico más alto de la Península Ibérica. Cuando lo aprendíamos, memorizábamos a la par El pico Veleta del cual nos decían que también era muy alto pero un poco menos. Ambos son de obligada cita cuando se habla de Sierra Nevada.
Aquel verano eran dos de nuestros objetivos. Para mí, montañera amateur, era además un gran reto. El día 10 de julio de 2017, subimos al Veleta a primeras horas de la mañana. Una ascensión sencilla, a lo largo de la cual se podían ir viendo las instalaciones de las pistas de esquí. La altura se me dejó notar un poco, me costaba más de lo demás inspirar, es como si el aire llevara menos oxígeno del que necesitaba, pero en poco rato esa molesta sensación desapareció, así como el pequeño dolor de cabeza. El objetivo fue alcanzado sin dificultad; su cima, a 3100 m, nos estaba esperando con una camiseta roja con la que alguien dejó vestido el vértice, sin caer en la cuenta de que el monte es de todos y que no entiende ni quiere entender, de símbolos ni ideologías. El Mulhacén nos guiñaba un ojo desde su majestuosidad. Tras una breve charla con una persona que se hallaba en la cima descansando, y tras un descanso por nuestra parte para comer y beber algo, emprendimos el regreso para atacar nuestro segundo objetivo: el cerro de los Machos. Llegar hasta él fue algo menos llevadero debido, por un lado, al calor que ya empezaba a hacer ( julio en Granada….aquel año dio la máxima histórica de España) y porque ascendimos una larga senda que no tenía fin. Pero aunque parecía resistirse para mí, el objetivo fue conseguido y la cima de los Machos fue alcanzada por nuestros pies, 3327 m que proporcionaban a nuestros ojos unas vistas espectaculares e indescriptibles. Salba subió al Zacatín, de 3323 m y que se sitúa al ladito de Los Machos. Eran las 2 de la tarde y hacía un calor sofocante, de ese calor que no te deja respirar, en el que el sol duele. Había que volver y lo hicimos por el Veredón, más corto en distancia pero insufrible para las piernas, una fuerte y empinada bajada de piedra suelta, muy suelta y eterna, infinita. Veredón, sinónimo de cabrón.
Día inolvidable. Al día siguiente, nos esperaba el Mulhacén.
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